Un animal salvaje: Un Viaje Entre Secretos y Sorpresas
Desde que descubrí a Joël Dicker con La verdad sobre el caso Harry Quebert, su forma de entrelazar misterios con la psicología humana siempre me ha fascinado. Así que, cuando llegó a mis manos Un animal salvaje, no pude resistirme a la tentación de sumergirme en su mundo de intriga. La premisa del libro, que sigue el drama de un atraco a una joyería en Ginebra, combinada con las complejidades de relaciones entre personajes, prometía romance, secretos y giros inesperados. Estoy aquí para contarles cómo fue mi experiencia al leerlo.
La novela comienza con un atraco, pero rápidamente nos lleva a la vida de Sophie Braun, quien está a punto de celebrar su cuadragésimo cumpleaños. Aunque su vida parece estar llena de felicidad, la sombra de los secretos acecha a su alrededor: un marido lleno de pequeños engaños y un vecino obsesionado que tiene una curiosidad inquietante. Dicker, a través de una narración en tercera persona, nos ofrece un viaje en el tiempo, saltando de 2007 a 2022, lo que le da un ritmo frenético y cautivador a la historia.
A veces, me encontraba atrapada en la vorágine de eventos: el ritmo es ágil y los saltos temporales mantienen la intriga viva. Sin embargo, a medida que me adentraba más en la trama, sentí que la profundidad de los personajes se evaporaba un poco entre tanto vaivén. Todos los protagonistas, aunque llenos de secretos, se sienten como piezas de un rompecabezas casi formulaico. Eran intrigantes, pero no estoy segura de si llegué a conocerlos verdaderamente.
Uno de los aspectos que realmente disfruté fue la prosa de Dicker. Es ligera y directa, lo que permite que el lector avance rápidamente. Esta novela se siente como el equivalente de una película que uno ve un sábado por la noche, llena de giros y sorpresas que, aunque entretenidos, pueden ser olvidados poco después de cerrar el libro. A veces es justo lo que uno necesita.
Un detalle que me atrapó fue la habilidad del autor para construir descripciones vívidas de los escenarios —desde el lujo de Ginebra hasta el glamour de Saint Tropez— que me transportaron a esos lugares. Dicker, sin duda, ha realizado un gran esfuerzo en la planificación y en la conexión de la trama: cada detalle parece tener su razón de ser, lo que es admirable.
Sin embargo, no puedo ignorar que sentí que el factor romance se hacía un poco excesivo, quizás incluso un poco superfluo para mis gustos. El libro se desliza hacia un melodrama que, si bien puede atraer a algunos, me dejó buscando la profundidad que tantas veces había encontrado en sus obras anteriores.
En conclusión, Un animal salvaje es un libro que se disfruta por su entretenimiento y su ritmo acelerado. Es perfecto para quienes buscan un escape divertido y lleno de sorpresas sin la necesidad de profundizar en temas existenciales o psicológicos demasiado complejos. Como lectora, me proporcionó un par de horas de pura diversión, pero también me dejó con ganas de una narrativa más sustanciosa. Se lo recomendaría a quienes ya son fans de Dicker o a los que buscan un buen thriller para pasar el rato, aunque lo pienso como un “snack literario”: sabroso, pero tal vez no tan nutritivo. ¡Espero que lo disfruten tanto como yo!






